lunes, 20 de marzo de 2017

Palabras de un rebelde

LaMalatesta Editorial presenta una nueva edición de Palabras de un rebelde, de Piotr Kropotkin, una serie de textos de este gran pensador anarquista, que nos ayuda a comprender cómo se conformó y asentó el pensamiento anarquista clásico.

Esta obra recopila los artículos que Kropotkin escribió entre 1879 y 1882, en el periódico Le Révolté. El gran pensador anarquista, fiel a su método científico, describe los males de la sociedad y la descomposición de los Estados para exponer a continuación las ideas libertarias y la alternativa que suponen. Kropotkin, al menos en el momento de escribir estos textos de Palabras de un rebelde, tenía gran confianza en el advenimiento de una gran revolución. Esta, entendida como un gran acontecimiento que rompiera de forma brusca el desarrollo de la historia, no solo podría acabar con la explotación económica, también sacudiría la desidia intelectual y moral para instaurar una innovadora y enérgica situación. Como es sabido, Kropotkin fue un gran estudioso del papel histórico de los Estados, por lo que sus conclusiones pasaban por haber agotado aquellos sus atribuciones en la civilización humana y debían, por lo tanto, ceder su sitios a nuevas organizaciones basadas en nuevos principios igualitarios. La revolución en la que creía Kropotkin no tendría precedentes, tratando con ello de acallar a los más pesimistas, ya que su principal rasgo sería un carácter general que envuelva a todos los oprimidos, de todos los países, de forma solidaria.

No obstante, el tiempo de Kropotkin es el del florecimiento de la democracia, del sufragio universal y de las libertades civiles. ¿Para qué se rebelan entonces estos locos anarquistas? No es posible negar, de entrada, cierto progreso histórico en la conquista de derechos y libertades. A pesar de ello, y como seguimos sufriendo en la sociedad del siglo XXI, algunos de ellos tienen un carácter real y otros no son más que una ficción de apariencia formal. El uso reiterado de las clases gobernantes de los derechos políticos, que deberían proteger la independencia, la dignidad y la libertad, esconde la mayor de las veces una situación de fuerza y opresión en la que la clases populares no pueden ejercerlos. El sufragio universal, que en el pasado sirvió de protección contra los abusos del poder centralizado, ya en el tiempo de Kropotkin se había convertido en un instrumento de opresión en manos de la nueva clase gobernante: la burguesía. Lo mismo ocurre con el resto de libertades formales, de prensa, reunión o propiedad, la sociedad capitalista y estatal con su aparente reconocimiento supone que no necesita recurrir a la violencia para ahogarlas cuando expresan una intención revolucionaria y se usan contra las clases privilegiadas. En última instancia, a pesar de ese reconocimiento formal de libertades, y si es necesario, la fuerza gubernamental está asegurada.

Kropotkin, como buen anarquista, consideraba que no era a leyes y constituciones a quienes había que reclamar derecho alguno, sino creando movimiento y organizaciones de explotados, que tuvieran fuerza suficiente para hacer que se respetasen. Las libertades no se otorgan, se cogen. El gobierno representativo de la burguesía no es el único objeto de las críticas de Kropotkin. Otro tipo de fuerza gubernamental, que tendría una gran importancia posterior e igualmente llega hasta nuestros días, aunque no emplee abiertamente esta terminología, es negada por contener un evidente oxímoron: el gobierno revolucionario. La visión de Kropotkin, apoyada en sus profundos estudios históricos, pasaba por considerar que el auténtico cambio lo traería la revolución social fundamentada en el papel de los movimientos populares. Cualquier forma de autoridad externa sería un obstáculo, ya que sería el trabajo colectivo de las masas el que darían lugar a las nuevas formas sociales. En cualquier caso, la injerencia y tutela de cualquier forma de gobierno, aunque se denomine revolucionario, supondría un freno y, finalmente, lastraría el verdadero cambio social. Kropotkin confiaba en que estos movimientos populares despertaran el espíritu de rebeldía entre las gentes, les hicieron comprender que la revolución libertaria era posible.

¿Qué pueden aportaron esta serie de artículos de Kropotkin? Tantas veces, desdeñamos a ciertos autores del pasado, por considerar que su pensamiento es producto de su tiempo. Máxime, en la modernidad, donde esa confianza en el progreso y en la ciencia se antoja hoy excesiva o directamente se niega. Sin embargo, hay que preguntarse si no somos, dentro de esa afán crítico tan saludable en algunos aspectos, víctimas también de nuestros prejuicios. Kropotkin es un autor, sin ninguna duda, primordial para comprender el anarquismo clásico, y muy importante en general para la historia de la humanidad. Es cierto que la sociedad puede haber cambiado mucho desde su tiempo, que esa confianza que tenía en un gran acontecimiento revolucionario que todo lo cambiara, no se cumplió en el sentido anarquista y más buen confirmó que no hay un sentido lineal para el progreso y la historia. Es cierto también que, en el otro extremo, algunos, traicionando con ello el espíritu libertario, han buscado un excesivo apoyo en el pensamiento de Kropotkin, algo que puede haberles hecho caer en el dogmatismo. Huyendo de unas y otra posiciones, comprendiendo que el análisis histórico kropotkiniano, aun diferenciándose bien del más rígido materialismo, se vio seguramente influenciado por él, tratemos de comprender y aprender de los estudios de este gran pensador. Esta serie de artículos, situados en unos años muy concretos, son tal vez un apunte de lo que serían las grandes obras de Kropotkin, en las que su erudición se coloca al servicio de la anarquía. Hoy, en el que algunos presumen que la modernidad, con sus anhelos emancipatorios, es cosa del pasado, es tal vez más necesario que nunca rescatar la obra kropotkiniana. No con ningún afán dogmático o tautológico, sino con la intención de analizar la historia desde un punto de vista libertario para comprender el presente. El debate está servido.